¿Está ayudando la TV a que cocinemos más?

¿Está ayudando la TV a que cocinemos más?

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MasterChefProgramas de cocina, reality-shows con chefs y aspirantes, concursos, viajes gastronómicos, etc. la parrilla de televisión es más parrilla que nunca. Todas las cadenas se han apuntado a esta ¿moda? por la cocina, pasando de unos pocos milles de espectadores, generalmente amas de casa, en horarios matutinos, al prime-time, con audiencias millonarias.

De contar solo con el histórico programa “Con las manos en la masa”, hemos pasado a más de 10 programas en las diferentes cadenas de televisión, tanto estatales como autonómicas, con los chefs-presentadores convertidos en verdaderas estrellas mediaticas. Y por supuesto millones de euros en publicidad para productos alimenticios, electrodomésticos y equipamiento diverso para cocinar.

Parece que existe una especie de boom por todo lo relacionado con la cocina, tanto en España, como a nivel internacional. Y ante esta revolución surge una pregunta evidente:

¿está cocinando cada vez más gente?

Con millones de personas enganchadas a distintos programas de cocina, donde continuamente se muestran trucos y recetas, y se ensalza la importancia de cocinar en casa, con libros de recetas, blogs, webs y foros especializados en internet,  etc. cabría esperar que la respuesta fuese positiva, pero no está tan claro.

thruth about home cookingEn uno de los último de estos artículos publicados en Estados Unidos sobre este tema, The Truth About Home Cooking (TIME, 9 de oct. 2014), el chef Mark Bittman apunta que a pesar de todos estos programas no se observa que el número de hogares que cocinan de manera habitual, se haya incrementado. Ni siquiera que la tendencia se haya invertido. No obstante, en este punto es necesario realizar una matización, y es que Mark Bittman considera cocinar a aquella actividad realizada para alimentarse de manera habitual, todos los días, descartando en su valoración el posible auge de la cocina lúdica, esa que se practica de manera muy esporádica por lo que considera un "snobbismo" pasajero.

Por otra parte, en julio del año pasado The Guardian apuntaba en su artículo "Do TV cookery programmes really influence the way we cook?", indicaba, usando para ello una serie de encuestas realizadas en UK, que la gente, influenciada por los programas de televisión, cocinaba más. Aunque resultaba curioso que los encuestados, tras indicar que le dedicaban un tiempo medio de 49 minutos a elaborar cada comida, señalaban como el programa que más les influía 15-Minute's meals, del mediático Chef Jamie Oliver.

Y con respecto a España, ¿cuál es nuestra realidad? ¿están consiguiendo todos estos programas acercarnos a las cocinas?

Por un lado tenemos los programas de cocina formato concurso, que persiguen unos objetivos orientados exclusivamente a la captación de televidentes asociada a los ingresos por publicidad, con un formato reality muy americano, donde la cocina es la justificación para jugar y explotar las emociones de concursantes y televidentes. Y por otro aquellos programas con una intención más divulgativa, como son Robin Food o Karlos Arguiñano, que también bajo la tiranía de las audiencias y la publicidad, parece que intentan animarnos a que cocinemos en nuestras casas. Y por supuesto también están, como comentábamos antes, aquellos programas de viajes que han incorporado la gastronomía como eje fundamental de los mismos.

¿Qué efectos están teniendo todos estos programas?

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Sin duda nos entretienen: los números de audiencia son impresionantes. Y no hay nada de malo en ello, de no ser porque la televisión es enemiga de la cocina en muchos aspectos: tras eliminar las conversaciones en la cena (la televisión es un comensal más que no para de hablar, ya que no come, y al que encima hay que mirar a los ojos continuamente, nos impone tiempos y horarios (¿quién no ha cocinado calculando que la comida esté lista para su programa favorito?).

Incrementar las matriculaciones (hasta un 200%) en escuelas de cocina. Esto en principio es muy positivo para las escuelas de cocina, pero los alumnos que llegan a ellas inspirados por los reality, pueden tener una imagen alejada de la realidad. Con lo cual es muy probable que también la tasa de abandonos se dispare.

Incrementan la venta de electrodomésticos y equipos de cocina. En dichos programas de televisión, patrocinados siempre por diferentes marcas comerciales, aparecen todo tipo de electrodomésticos y ayudas, de manera que parece casi obligatorio contar con dicho robot de cocina para poder cocinar.

Sin embargo, existen muchas dudas que todos estos programas estén consiguiendo incrementar el número de hogares en los que se cocina: el que no ha cocinado nunca, va a necesitar algo más que unos programas de TV para acercarle a la cocina.

Que comamos mejor, tampoco parece que vaya a ser otro de los logros que podamos atribuirle a este boom de la cocina. La gente que ya comía de manera más o menos saludable, lo seguirá haciéndolo, pero aquellos que no tenían unos buenos hábitos, no parece probable que cambien ahora, ya que este es un problema educacional realmente complicado, como comprobó el afamado chef británico Jamie Oliver (Jamie Oliver y los comedores escolares).

De momento, en lo único que parecen coincidir diversas fuentes es en el incremento de la cocina lúdica y la cocina de "autor", aquella que intenta elaborar platos complejos y sofisticados, buscando sorprender a los comensales. Y hasta es posible que se esté consiguiendo que sea "cool" decir que se ha preparado tal o cual plato, pero las lentejas y el guiso de toda la vida, en definitiva la cocina que nos debe de comer todos los días, no parece que vaya a vivir, al menos de momento, tiempos mejores.

 

El caso de Jamie Oliver y los comedores escolaresjamie-oliver-vs-nuggets

Hace unos años, el popular y mediático chef lanzó un proyecto, con la colaboración de las autoridades, mejorar los menús escolares de los estudiantes británicos, plagados de comida procesada de calidad más que dudosa.

Tras convencer a los cocineros de los comedores y vencer sus reticencias, y conseguir que los chicos aceptasen otro tipo de comida más natural, no procesada (mostrándoles el origen de los alimentos, llevándoles a huertos y granjas, enseñándoles a cocinar sencillos y saludables platos), la iniciativa de alguna forma acabó fracasando al constatar un hecho: los padres no estaban preparados/dispuestos para modificar sus hábitos alimenticios ni los de sus hijos. Cambiar la inercia existente, luchando contra la presión de los fabricantes de comida procesada, es una labor lenta y constante, de años).

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