¿Nos está engañando la abuela con su receta?

¿Nos está engañando la abuela con su receta?

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La abuela no suelta la receta

espiando a la abuela mientras cocina
¿está feo espiar a tu abuela si no te quiere dar la receta?

Preparas el sofrito picando -y por supuesto a cuchillo- una cebolla dulce de tamaño mediano, media cebolla morada, un trocito de puerro, la punta de un pimiento morrón y lo pochamos despacito, el fuego al tres, sin prisas... -bueno, ya son más de las nueve, y en breve estarán los niños despiertos pidiendo su desayuno-. Mientras la cazuela termina su trabajo con la cebolla y compañía, rallas un tomate maduro que incorporarás hacia el final, y mientras aprovechas para repasar mentalmente todos los pasos: el pollo ya descansa fuera de la nevera, atemperándose, embadurnado con el adobo que hemos preparado machacamos dos dientes de ajo -sin la semilla- con un poco de sal, un puñado de especias y un chorro del mismo aceite virgen extra que siempre se ha usado en tu familia y que es el mismo que ahora se usa en tu casa. Pero con todo, el guiso o el asado tampoco saldrá igual esta vez. 

Tu mujer dice que sí que es igual que el de la abuela, pero tu sabes que no, que algo sigue sin encajar. Y vuelves a repasar todos los pasos, uno a uno… Vale, será cosa de "la mano" y de que ella lleva 40 años haciéndolo, pero ese es un pobre consuelo.

Y es que tu abuela, te guste o no, no quiere ceder la receta. Quiere que sigas yendo cada domingo a su casa a comer, suplicandole que prepare ese plato que te vuelve loco y que no logras imitar... ¡como si dándote la receta, ya no fueses a volver!.

Sus trucos

Halagas su asado, rebañas la salsa con el pan, eructas satisfecho... y pides -así como de pasada- la receta.

Y su respuesta, en cualquiera de sus variantes, viene a ser alguna de estas:

  • Estrategia nº1 - Sí, claaaaaro. Luego te la doy, recuérdamelo.
  • Estrategia nº2 - Ya le he dado la receta a tu madre, hermana, etc. dile que te la pase.
  • Estrategia nº3 - Apunta...y empieza veloz a enumerar ingredientes y pasos (en la mesa, con el tenedor en la mano y sin tener donde apuntar...¿?)
  • Estrategia nº4 - La tienes arinconada, estáis solos, y tienes papel y lápiz... empieza a decir la receta, pero olvidando ingredientes (esta memoria mía...) yendo para adelante y atrás, modificando los tiempos...hmmm 

Vigilancia paso a paso

Está claro que así no es la forma. Nada mejor, pues, que ver cómo lo hace ella, desde el primer paso, así que te plantas allí tempranito:

- ¡Huy, pero que haces aquí ya!

- Nada, que he venido a echar una mano, ¿te ayudo con el asado? 

- No te molestes, descansa un rato...

- Abuela, vengo de casa, de dormir 12 horas y no son ni las 10 de la mañana.

- Bueno, pero te vas a manchar.

- Me pongo un mandil.

- Te olerá la ropa.

- Me da igual.

- Bueno, pues pela las patatas...

- ...

- ¿No venías a ayudar? ¡pues pela!.

Pelo deprisa, sin perder de vista lo que hace, a punto estoy de llevarme una uña... veamos, para el sofrito ponemos un trozo de puerro, una cebolla mediana (me palpo el bolsillo donde tengo el móvil con la grabadora activada. Abuela, !hoy no te escapas!).

- ¿Qué dices? 

- Nada abuela, canturreaba... (con el sofrito a medias, doramos la carne, y añadimos un vaso de los de Nocilla de vino blanco seco, Rueda, por supuesto. Un vaso para el asado y otro...)

- Abuela, ¿no es un poco temprano para beber? 

- Pela y calla, que somos muchos.

Un gesto sutil

bah, solo es un poco de romero
¿solo un poco de romero para adornar...? hmm

De repente, en un momento de distracción...

-¡Eh, abuela! ¿¿qué es eso que acabas de echar??

En un pequeño gesto, muy sutil y aparentemente insignificante, que muchas veces se le olvida mencionar al dar la receta -¿inconscientemente?-, pero que marca la diferencia, alarga la mano a la alacena y añade una cucharadita de pimentón “solo por darle algo de color”, o  un par de vueltas al molinillo de pimienta “es muy poco, ni se nota”, un pellizco de estragón “una manía mía...”, una hoja de laurel "le da una gracia", etc.

Y es que demasiadas veces tendemos a ignorar o infravalorar la importancia de las especias en el resultado final de un plato.

Lo que aquí hemos tratado de parodiar, pero que seguro que a más de uno nos ha ocurrido, es  todavía más que evidente en esta época en que abundan por internet y las redes sociales recetas de todo tipo, donde demasiadas veces vemos un "se le puede añadir tal o cual especia, al gusto". Y es que un plato cambia radicalmente con ese "simple" gesto de añadir una cucharadita de albahaca, romero, orégano, pimienta, etc. como veremos en un próximo artículo que os estamos preparando. Mientras, ya sabéis, si una receta no indica cómo usar las especias o no las llama por su nombre, ¡¡desconfiad!!


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